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Salud

Primeros signos de artrosis en perros: 10 cambios a los que prestar atención

La artrosis rara vez empieza con una cojera. Te contamos cuáles son las primeras señales discretas, cómo registrarlas para tu veterinario y los cambios sencillos en casa que ayudan desde el primer día.

Un labrador negro con algunas canas en la barbilla, tumbado en casa y mirando hacia un lado
Foto: WordPress Photo Directory (CC0)

Este artículo es información general, no consejo veterinario. Si tu mascota no se encuentra bien o te preocupa, llama a tu veterinario.

Si tu perro ha empezado a pensárselo antes de subirse al sofá, o se queda atrás en paseos que antes encabezaba, es tentador achacarlo a que «se está haciendo mayor». A veces es así. Pero la rigidez y el ir más despacio también son los primeros signos más comunes de la artrosis, una enfermedad crónica en la que el cartílago de las articulaciones se desgasta y la articulación se inflama y duele.

Los perros se las arreglan muy bien para disimular el dolor, así que la artrosis a menudo pasa desapercibida hasta que ya está bastante avanzada. La buena noticia: si se detecta pronto, se puede controlar muy bien. Esto es lo que debes vigilar.

10 primeros signos de artrosis

1. Rigidez después de descansar

A tu perro le cuesta levantarse por la mañana o después de una siesta, y luego «entra en calor» tras unos minutos moviéndose. Suele ser la primera señal de todas.

2. Dudas ante escaleras, coches y muebles

Se para al pie de la escalera, te pide que lo subas al coche o ya no salta a la cama. Subir y saltar obliga a flexionar del todo las articulaciones mientras soportan peso, y eso duele cuando están inflamadas.

3. Cambios en su forma de andar

Pasos más cortos, una marcha con las patas rígidas, un ligero cabeceo al andar o el «salto de conejo», moviendo las dos patas traseras a la vez. Los perros desplazan el peso para aliviar las articulaciones doloridas sin que te des cuenta en el momento.

4. Paseos más lentos y juegos más cortos

Deja de traer la pelota antes de tiempo, se queda rezagado o se tumba a mitad del paseo. Muchos dueños lo interpretan como pereza o edad cuando en realidad es malestar.

5. Lamerse una articulación

Se lame de forma insistente la muñeca, el codo, la rodilla o la cadera, y a veces deja manchas de saliva de color marrón rojizo en el pelo claro.

6. Cambios de humor

Un perro sociable que se vuelve gruñón, se aísla o lanza un mordisco cuando otro animal choca con él. El dolor cambia el comportamiento. Si de repente no le gusta que lo toquen, no lo castigues: llévalo a revisar.

7. Sensibilidad al tacto

Se aparta o se encoge cuando lo cepillas o lo acaricias sobre las caderas, la espalda o los codos, o cuando le levantas una pata para cortarle las uñas.

8. Resbalones en suelos lisos

Se le escurren las patas sobre baldosas o parqué, o le cuesta ponerse de pie. Unas patas débiles o doloridas tienen problemas para agarrarse.

9. Pérdida de masa muscular

Al tocarlo notas más los huesos en las caderas o los hombros, o las patas traseras se ven más delgadas. Cuando un perro usa menos una pata, el músculo se atrofia y la articulación pierde estabilidad.

10. Aumento de peso

Menos actividad con la misma cantidad de comida acaba notándose. Los kilos de más cargan todavía más las articulaciones doloridas, lo que lleva a moverse aún menos.

Cómo reunir información para tu veterinario

Los signos de artrosis suelen desaparecer en la consulta, donde la adrenalina disimula la rigidez. Un poco de trabajo previo hace que la cita sea mucho más útil.

  • Grábalo. Haz un vídeo corto de tu perro caminando hacia ti y alejándose sobre terreno llano, levantándose después de estar tumbado y subiendo escaleras. Repítelo cada una o dos semanas para poder comparar.
  • Lleva un registro sencillo. Apunta los días buenos y los malos, lo que hizo tu perro el día anterior y cualquier cosa que parezca mejorar o empeorar la rigidez.
  • Concreta. Qué pata, qué articulación y qué actividad lo desencadena.

Qué puede recomendarte tu veterinario

Tu veterinario examinará las articulaciones de tu perro, lo observará moverse y puede proponer radiografías para confirmar la artrosis y descartar otras causas. El tratamiento suele combinar varias estrategias:

  • Alivio del dolor. Los antiinflamatorios y otros medicamentos recetados por el veterinario, incluidas opciones inyectables más recientes, pueden mejorar mucho su comodidad y su movilidad. Tu veterinario te indicará si hacen falta análisis de sangre para un uso prolongado.
  • Control del peso. Mantener a tu perro delgado es una de las cosas más eficaces que puedes hacer por sus articulaciones doloridas. Pide a tu veterinario un peso objetivo y un plan de alimentación con raciones medidas.
  • Ejercicio controlado. La actividad regular y de bajo impacto mantiene las articulaciones en movimiento y los músculos fuertes. Tu veterinario puede sugerirte ejercicios concretos o derivarte a fisioterapia o hidroterapia.
  • Suplementos. Los ácidos grasos omega-3 del aceite de pescado son los que tienen más respaldo científico. Consulta con tu veterinario antes de empezar con cualquier producto.

Nunca le des analgésicos de uso humano. El ibuprofeno, el naproxeno, el paracetamol y la aspirina pueden causar úlceras de estómago, insuficiencia renal o daño hepático en los perros.

Cambios en casa que ayudan desde el primer día

No hace falta un diagnóstico para que tu casa sea más amable con las articulaciones de tu perro:

  • Añade agarre. Coloca alfombras o pasillos con base de goma en los recorridos que más usa, sobre todo cerca de su cama, sus cuencos y las puertas.
  • Mantén las uñas cortas. Las uñas largas cambian la forma en que el perro se apoya y le restan tracción.
  • Ofrécele una rampa o unos escalones para el coche y sus muebles favoritos, y prémialo cuando los use.
  • Mejora su cama. Una cama de espuma gruesa, que dé buen soporte y tenga una entrada baja, le resultará más fácil para entrar y salir.
  • Divide los paseos. Dos o tres paseos más cortos por terreno llano son mejores que una caminata larga. Empieza despacio para que entre en calor y termina también despacio.
  • Cambia los juegos de alto impacto, como perseguir la pelota o saltar, por paseos olfativos, juegos de rastreo y comederos interactivos, que cansan la mente sin castigar las articulaciones.
  • Mide las raciones. Pesa la comida o usa un cacito medidor en lugar de calcular a ojo, y cuenta los premios dentro del total del día.

Cuándo llamar al veterinario

Pide cita si notas cualquiera de los signos anteriores, sobre todo si cada vez son más frecuentes. Llévalo al veterinario cuanto antes, o ese mismo día, si tu perro:

  • Se queja con un gañido, empieza a cojear de repente o no apoya una pata
  • No puede levantarse o se desploma
  • Se niega por completo a subir escaleras o al coche cuando antes lo hacía sin problema
  • Muestra un cambio brusco de carácter o deja de comer
  • Se lame una articulación hasta dejarse la piel en carne viva o con heridas

Una cojera repentina puede deberse a una lesión, como una rotura de ligamento, y no a la artrosis, y necesita una exploración en condiciones.

Preguntas frecuentes

  • No. Es más frecuente con la edad, pero un perro puede desarrollarla antes por problemas articulares como la displasia de cadera o de codo, lesiones antiguas o sobrepeso.

  • No. Los analgésicos de uso humano como el ibuprofeno, el naproxeno y el paracetamol pueden causar daños graves en el estómago, los riñones o el hígado de los perros. Usa solo los analgésicos que te recete tu veterinario.

  • Sí, del tipo adecuado. El ejercicio regular, suave y de bajo impacto ayuda a mantener las articulaciones en movimiento y los músculos fuertes. Varios paseos cortos por terreno llano suelen funcionar mejor que una salida larga o un juego muy intenso.

  • Los ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA del aceite de pescado) son los que cuentan con más respaldo científico para la salud articular en perros. Los resultados de la glucosamina y la condroitina son dispares. Consulta a tu veterinario sobre productos y dosis, sobre todo si tu perro toma otra medicación.

  • La artrosis no se puede revertir, pero sí controlar bien. El control del dolor, el control del peso, el ejercicio y los ajustes en casa permiten que muchos perros sigan cómodos y activos durante años.